El pasado verano contamos con la suerte de poder conocer de primera mano las inquietudes y los problemas que acucian a la edición de las revistas culturales en España gracias a que ARCE nos invitó a participar en el seminario sobre Edición cultural: sentido y oportunidades que se celebró en El Escorial.
Nosotros, lectores ávidos y consumidores culturales, después de aquellas jornadas pudimos reflexionar sobre todo lo que allí se había discutido y que, en gran medida, se asemeja a los problemas, ya típicos, de otros editores: disminución de lectores, poca (o nula) visibilidad en las librerías, etc.
La importancia del papel que juegan las revistas culturales a nadie se le escapa y menos a los editores de libros. Sin embargo, ¿en qué consiste su progresiva pérdida de protagonismo? Básicamente creemos que tienen tres retos por delante:
- Adecuarse a los cambios tecnológicos que se viven cada vez con más intensidad. Las nuevas y potenciales herramientas de distribución de contenidos están aquí. Ya no es suficiente con contar con una sola forma de llegar al lector. Internet, móviles, IPad, Tablets, etc. son las puertas futuras (presentes) para accerder a ellos.
- Desarrollar convenientemente la identidad digital y la comunicación online. Este punto es vital para la supervivencia de las revistas y no se puede obviar a las redes sociales. La propagación de los contenidos y la afiliación de lectores son fundamentales en cualquier estrategia online de comunicación y deben estudiarse y ejecutarse las acciones necesarias para llevarlas a cabo.
- Entender el cambio de hábitos del comprador. Estamos absolutamente convencidos de que hay usuarios dispuestos a pagar por contenidos de revistas culturales, contenidos que, por otra parte, nunca han sido masivos y que tampoco lo van a ser en la Red. Salir al encuentro de esos usuarios que sabemos están en la Red es el reto al que deberían enfrentarse las revistas.
Los cambios que se han dado en el sector editorial dependen mucho del tipo de libros o contenidos. Las enciclopedias en papel prácticamente han desaparecido mientras que editoriales como Atalanta tienen un prometedor futuro con la edición de libros objetos. Con las revistas pasa exactamente lo mismo, no es igual el tratamiento que se debe dar a una revista como Matador, que es un objeto de arte singular, que el que se debe dar a otra centrada en la divulgación de contenidos más inmediatos.
Por nuestra parte queríamos presentaros esta tabla periódica de elementos que recoge a las revistas culturales españolas. Hay más, no cabe duda, pero nos hemos basado en las que pertenecen a ARCE lo que es una buena representación del panorama español. De esta forma queremos contribuir a que tengamos presente la labor de estas revistas que nos parece fundamental para el desarrollo cultural e intelectual de nuestra sociedad.
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Alberto y Silvano, magnífico trabajo. Los tres retos fundamentales que, señaláis, deben afrontar los editores de revistas culturales son extrapolables perfectamente a gran parte de la edición pequeña e independiente a muy corto plazo. Por otra parte, vuestra Tabla periódica es una obra maestra llena de imaginación e inteligencia, y sobre todo muy útil. Gracias por vuestro trabajo, impecable.
Anatómicos, ¡bien buena la tabla! Servirá para plantear la pregunta de si hay o no química.
Los que pudimos seguir a distancia y con perspectiva aquel seminario, tuvimos la sensación de que se habló más de dificultades y retos que de sentido y oportunidades –que a la postre era sobre lo que versaba la propuesta–. Las retahíla de dificultades enumeradas (vosotros mismos en esta entrada nombráis dos, y a continuación “y lo demás y lo demás”), por ser mal de muchos y no sólo de las RRCC, sonaron un poco a eco. ¿Será que volver una y otra vez a ellas ayuda a interiorizarlas? Será… Pero al final suena como ese tema que cantaba Miguel Ríos “vuelvo a Granada, vuelvo a mi hogar”: como si para muchos editores de la cultura, y eso es algo de lo que hay que lamentarse, las dificultades sean ya un hogar al que se vuelve y se vuelve, desde el que se clama al cielo (y a las administraciones públicas) y no aquel espacio de intimidad en el que se creaba y se conspiraba contra los elementos.
Se le atribuye a Albert Einstein la frase (o la idea) de que para conseguir resultados distintos hay que hacer las cosas de otra forma; que errar es humano, sí, pero insistir en el error, de necios. Pienso que también en aquel seminario se habló de retos y oportunidades como si fueran la misma cosa. Y no. Los retos son provocaciones, citaciones al duelo, desafíos, amenazas o regañinas para conseguir un empeño difícil, y que constituye por ello un estímulo para quienes los afrontan. El reto es una conducta humana. Las oportunidades, por el contrario, son ocasiones, tiempos oportunos, coyunturas. La oportunidad es un estado de las cosas. Lo interesante de las oportunidades es que podemos experimentar con ellas; los retos en cambio, son soflamas, roncerías, arrumacos.
Comentan básicamente tres actitudes que los editores deberían reconducir: Adecuarse a los cambios tecnológicos, Desarrollar convenientemente la identidad digital y la comunicación online y, entender en cambio de hábitos del comprador.
En general estoy de acuerdo con las tres… ¿cómo no? Pero para “adecuarse” primero hay que “entender”. Y los editores, mayormente, no están entendiendo lo que está pasando… y por eso, no se adaptan a la nueva situación ni adaptan su hacer profesional. Bien al contrario, ante los cambios de hábitos de consumo cultural el proceso no pasa tanto por entender-adecuar, sino por aceptar y participar de ellos (como hacen finalmente como consumidores: que se han hipotecado, que han digitalizado su entretenimiento, y que han deslocalizado sus compras cuando el precio es conveniente). Y luego, cómo no, el desarrollo de la identidad digital y la comunicación online.
La identidad es una cualidad, un conjunto de rasgos comunes, una conciencia propia que a los editores culturales, digamos, se les supone… Por lo que las versiones digitales de la misma han de buscar el encuentro con otras identidades digitales. Se sigue pensando erróneamente que identidad digital es simplemente un altavoz o un escaparte y no: es un salir al encuentro, exponerse. Y derivado de esto, que me parece lo más relevante, el tema de la comunicación online… Como parte de la Comunicación con mayúsculas y no como algo sujeto a técnicas y medios de moda (que como el río de Heráclito son siempre iguales pero siempre cambiantes). Y si mi hijo en quinto grado ya conoce sus procesos básicos: uno que emite, otro que recibe, canal, mensaje, ruido y esas cosas, es imposible de entender que muchos editores sigan planteando la comunicación (off & on line) como un hablo y no escucho… No: comunicación y mercadeo no es lo mismo. Porque si escucharan realmente, si el proceso comunicacional sucediera –real o virtualmente– cantarían muchos otros gallos, amanecerían muchas cosas nuevas y, todo el debate sobre su papel en la sociedad actual tendría lugar en el seno mismo de cada proyecto cultural. Y no. Hace rato que gran parte de la edición cultural sólo emite, emite y emite. Hace rato que dejó de conversar. Porque aunque la conversación tenga soportes y formatos, y qué duda cabe que el papel o la web son especialmente propicios, no puede quedar reducido simplemente a ellos. Si emites contenidos, mensaje… desde una revista o desde una página web… pero no escuchas, y no recoges el resultado de esa siembra contenida como parte de esa cultura que dices promover; no es que uno deje de comprender los cambios en los hábitos de compra, es que te quedas sin nadie al otro lado que te pare bolas. Tema, por otra parte, que si no ha salido a la luz mucho antes, tiene que ver con las subvenidas en auxilio por parte de la administración (que una cosa es ayudar a paliar los desajustes del mercado y otra muy distinta, obviar el mercado).
Para mi la clave está en eso que apuntan sobre la importancia del papel que juegan las RRCC… ¿A nadie se le escapa? Pues ese es el tema… A mi no es que se me anden escapando, pero pienso que pasa como decía Umberto Eco en La estructura del mal gusto, Apocalípticos e integrados: todo el mundo sabe lo que es, nadie teme individualizarlo y predicarlo, pero nadie es capaz de definirlo. ¿Qué papel juegan hoy las revistas culturales en nuestra sociedad? Seguro que las respuestas -aunque sean en presente continuo– generarán las claves para resolver los enigmas que atenazan a los editores.
La estrategia en la que nosotros hemos insistido –hasta el hartazgo, tu sabes…– es que precisamente si se abre ese debate al conjunto de la sociedad, si se conversa sobre ello desde los medios y las instituciones que los representan, si se establece un proceso de comunicación en serio de idas y venidas, de toma de conciencia y de entendimiento de cambios y momentos, es posible redimesionar la producción cultural y experimentar cosas nuevas… pero uf! menudo currazo, ¿verdad? Sólo de pensarlo, me entra un tremendo dolor de cabecera.
Porque como le comentaba al maestro Manuel Gil en su entrada del otro día, ¿Tendrá clientes la industria editorial dentro de unos años?, no vaya a pasar que mientras unos debaten sobre su papel en la sociedad, otros pensantes entusiastas de nueva planta, arbolen intensamente desde la red nuevos papeles con las mismas cuestiones intrínsecamente resueltas como cultura pura… en una dinámica –le decía- más callejera, más “citius, altius, fortius”. Como si al final la vida cultural fuera todo aquello que pasa mientras unos se preguntan entre sí, qué es lo cultural, que pinto en ello.
Y terminaba trasladándole la sensación de que no hay que salir a la caza del lector, sino facilitarle que nos encuentre: porque el lector que nos interesa, es un lector con hambre de encontrar, que se busca la vida para dar con lo que le conmueve. Y que un edito cultural, ha de ser sistema de paso, fuente, ir emanando… que la sed de sentido y la curiosidad, será cosa del otro, de ese que lee y nos da a cambio unos dineros.
Abrazos pensodrománticos para los amigos anatómicos.
No deja de ser significativo, sacando los pies del tiesto y desviando el tema de la conversación, que en vuestra lista de revistas culturales, no se incluya ninguna categoría de revistas científicas. Evidentemente me refiero a revistas encargadas de la divulgación científica, no a revistas especializadas.
No es culpa vuestra, no os lo toméis como crítica. En España siempre se ha considerado mucho más importante desde el punto de vista cultural conocerse de memoria la lista de los reyes Godos antes que tener una somera idea del Modelo Atómico o de la Teoría de la Evolución de Darwin (de la que todo el mundo habla, por cierto, sin saber de qué). Los intelectuales españoles siempre se han caracterizado, excepto honorables excepciones como Pedro Laín Entralgo, por ejemplo, por su absoluto desprecio a las ciencias naturales. En los ambientes intelectuales se hace gala de lo poco que se conoce acerca de los decubrimientos científicos más notables, como queriendo decir “bueno, es que he estado ocupado aprendiendo cosas más importantes”.
El problema es que esto se fomenta en durante la educación temprana y después en la Universidad. Un amigo se quejaba de tener que estudiar las Leyes de Kepler sobre el movimiento de los planetas como parte de una de sus clases en la licenciatura de Historia. Acaso Kepler no tuvo una influencia mucho más decisiva en la historia posterior de la humanidad gracias a sus tres leyes que la mayoría de los sucesos que sí le parecían lícitos estudiar? Pero era ciencia, esa cosa para tipos raros con gafas de pasta y que tienden a corregirte cuando dices gilipolleces como que el principio de incertidumbre de Heisenberg ha de ser erróneo porque desde un punto de vista filosófico carece de sentido (frase casi literal escuchada hace años en un programa de La 2 de estos que ponían antes casi a media noche para discutir cosas serias con gente lista).
Y así nos va. La investigación científica no se saca de la manga. Se requiere una tradición, una base sobre la que crecer que se sustente en la educación y, fundamentalmente, en el apoyo brindado por aquellos que marcan las tendencias intelectuales. Desgraciadamente, mucha gente inteligente sigue pensando que es más importante saber que la Revolución Francesa estalló en 1789 y no en 1788 o 1790 antes que saber qué es una proteína, o cómo se organiza un átomo o cómo se producen las reacciones químicas.
Y no digo que haya que priorizar simplemente este conocimiento. Lo que digo es que no tiene sentido hablar de cultura “general” cuando una parte determinante de ésta se deja de lado de forma sistemática.
Un saludo, y perdonad por la disgresión.
Felicitaciones, rotundas y admiradas.
¡que buena idea y qué bien realizada!
Impreso y a la pared
Gracias por la idea y el trabajo….
Saludos desde el Molino
Muy ingeniosa la tabla periódica, teneis unas ideas geniales…Saludos.